Viaje del Español por Tierra

Conozcamos un poco, sobre el viaje olvidado de aquellos amigos que fueron expulsados de la cuna de nuestra lengua

Algunos de los hechos que ocurrieron a finales del siglo XV en España fueron demasiado emocionantes y algunos de ellos por el contrario fueron muy tristes; en este caso, rememoramos la expulsión de la que fueron objeto los musulmanes y judíos producto de las diferencias religiosas que se presentaron en la península, donde la religión cristiana era predominante. Dado este evento, muchos de ellos, resultaron exiliados en naciones de Europa y África, donde preservaron una cultura, que surgió de sus profundas vivencias en España.

El caso de los judíos, cobra vital importancia ya que a ellos se les puede considerar como los primeros difusores de la lengua española, debido a su viaje por tierra a naciones europeas como Holanda, Italia, Grecia y Francia.

Al combinar muchísimas formas de hablar particulares con la lengua española, surge el “Judeoespañol” o “ladino”. Lo llamativo e interesante es que podemos igualmente leer, con poca dificultad, textos judeoespañoles, fósiles actuales —si se permite esta expresión— del español de aquella época; es muy curioso observar como las lenguas que se separan de su lengua originaria, conservan más elementos distintivos que aquellas que siguen unidas a una “lengua madre” en este caso, el español. Gracias a esto, es posible conocer por medio del ladino, como era el español hablado en la época que Colón llegó a América ¡Impresionante!

Actualmente, el judeoespañol está al borde de la extinción. En el norte de África y muchos territorios del antiguo Imperio otomano (Turquía), esta lengua no es más que una reliquia relegada al ámbito de las fiestas tradicionales, pero desaparecida del día a día, donde ha sido desplazada por otras formas de expresión.
La mayor esperanza para la supervivencia del judeoespañol fue aniquilada, junto con sus hablantes, por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La salud de la lengua era bastante estable en territorios como Tesalónica, Estambul o Esmirna, pero ante la barbarie la mayoría de los supervivientes emigraron a Israel, Nueva York o San Francisco, donde las nuevas generaciones van olvidando esta lengua de origen peninsular.

En un principio, el judeoespañol se escribía principalmente con caracteres hebreos. Fue a partir del siglo XIX que se extendió la costumbre de usar el alfabeto latino, aunque con una ortografía a su manera, de forma más o menos equiparable a las diferencias entre la ortografía británica y norteamericana. Actualmente no hay una ortografía oficial ni especialmente uniforme.

Aún se conservan palabras como agora ‘ahora’, mansevo ‘mancebo, joven’ o ambezar ‘enseñar’ (¿de dónde «avezado»?). Cuestión aparte es el arcaísmo, o más bien judeoespañol voluntariamente hebraizado, de los textos bíblicos, traducciones tan fieles a la gramática original española.
Algunas palabras conservan arcaísmos tales como la no adición de y a «soy», «estoy», «doy», «voy» (lo que lógicamente nos deja en so, estó, do, vo)  y las formas, comunes a zonas como Argentina, del tipo topás, querés, sos, amá, etc.


Los pronombres utilizados por el judeoespañol son parte de los usos de cortesía: vos (verbo en segunda persona ()). Se usó de igual forma, la forma su merced (relacionado, lógicamente, con «vuestra merced» > «usted»), aunque actualmente está en desuso.
Los fonemas /ɾ/ y /r/ (‹r› y ‹rr›, para entendernos) se han simplificado en uno solo, el percusivo /ɾ/, algo que solo ocurre en judeoespañol y en los criollos.

Se produce más simplificación del inventario fonémico, ya que desaparece la “ñ” /ɲ/ en favor de “ni̯” (espaniol) y /ʎ/ en [li̯]. Relacionado con esto último, se produce el triunfo del yeísmo (distinción entre “y” y “ll”), por lo que [li̯] también desaparece y solo se conserva /ʝ/ (kayenti ‘caliente’)
Adición o supresión de la una “s” en los verbos conjugados con la segunda persona del singular (tú): amastes > amates ‘amaste’.
El judeoespañol es un vencedor arduo del paso del tiempo, sus orígenes son tan arraigados, que hacen parte de una nueva forma de pensar el mundo, y el devenir de nuestra bella lengua.

Obtenido y adaptado de:
Atentamente: El Profe.

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